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miércoles, 26 de septiembre de 2012

¿Ha comenzado?

"Cuando una Ley es injusta lo correcto es desobedecerla". Esto lo dijo Mahatma Gandhi. 

Cuando las leyes generan estos estados del ser humano, cuando no somos capaces como sociedad de poner el máximo esfuerzo para que no haya personas tiradas en las calle como el hombre de la foto, cuando los mendigos aumentan, los ancianos sin pensión suficiente que se sientan en el suelo de las plazas con un cartel en el que reza su necesidad de ayuda, porque no tienen nada, son cada día más, cuando esas leyes que enuncian los Representantes de los ciudadanos aumentan la miseria y no protegen del dolor a los más débiles como objetivo primordial, y lo saben y las aprueban y promulgan, son leyes injustas. No es discutible. No es una foto casual; es una foto que no me dio vergüenza hacer; la hice porque es muy difícil reconocerle. Vi más de quince personas pidiendo limosna entre Plaza de España y la Plaza de Cedaceros. Ya son de los nuestros, hablan castellano y piden porque no tienen. En el Congreso nadie les representa, nadie alza la voz y les defiende, nadie se enfrenta a los que, ley tras ley, les dejan aún más desprotegidos. No es demagogia, es la realidad; una realidad que muchos de los políticos que pagamos no ven aunque se la pongas delante de los ojos. 
Y para ello hace falta que sea el New York Times el que lo denuncie mientras los rotativos españoles se dedican a inventar titulares, a cual más gracioso, ocurrente o indigno, sobre lo que ayer ocurrió en Madrid. Era por ellos, y por nosotros, por tantos que lo estamos pasando muy mal y que, nos dicen un día y otro, lo vamos a pasar mucho peor... Porque decía Montoro el otro día, cuando le preguntaban sobre los recortes, que no habíamos llegado aún ni a la meta volante. ¿Como se puede ser tan frío, tan inhumano, tan poco persona, como para soltar una frase así con una sonrisa divertida en la cara? El anciano de esta segunda foto parece preguntarle "¿Cómo dice usted?! Sin palabras..

Estoy convencido de que conseguiremos parar a los provocadores que se infiltran en las manifestaciones para, en un momento dado, hacerse con la cabecera y generar incidentes violentos. Unos son de la misma policía, según reconoce en numerosas ocasiones el mismo Secretario general del SUP, otros son pandas, grupos de tres o cuatro que normalmente nos alarman al pasar a nuestro lado. Su estrategia consiste en confluir en la cabecera desde varios puntos de la manifestación. Allí esperan el momento y. al comenzar los silbidos o los lemas golpean lo que tiene más cerca. Les he visto el 15-M pasado en el acceso a Sol, golpeando a puñetazos y patadas una valla metálica. Ayer, un cuarteto accedió desde Felipe IV a eso de las siete y media; iban a paso vivo hablando entre ellos. Uno le decía a otro: "Son mejores estas que las de los sindicatos esos; los de orden no dejan hacer nada". Se perdieron entre el gentío, hacia la derecha de la fuente rumbo a las vallas de la Carrera de San Jerónimo. Son grupos violentos que acuden a las manifestaciones para provocar la pelea con la policía; les podemos ver gritando como energúmenos en el Bernabeu, o en el Calderón, o en el Camp Nou. No buscan más que montarla por ellos mismos, por divertirse. Debemos empezar a plantear que nuestras manifestaciones deben contar también con un servicio de orden para que los violentos comiencen a pensar que las nuestras no son más divertidas que las de los Sindicatos.

Esto no quita que las actuaciónes anoche de las UIP no fuesen brutales e injustificadas. Algunos de ellos, como muestran incluso las imágenes emitidas por 24h de RTVE, tras provocar los incidentes, ayudaban a los compañeros armados a detener manifestantes. Son los encapuchados. Uno, en Duque de Medinaceli, incluso llevaba a la vista el tahalí de la defensa. Contra todo lo que puedan decir el ministro o los portavoces del PP, estuvieron provocando toda la tarde. A las 19:52 metieron 10 furgones desde el Paseo del Prado. La comitiva paró antes de entrar en la Plaza; se bajaron los efectivos y formados entre las unidades atravesaron la muchedumbre sin detenerse rumbo a Cibeles. Pensé en que si algún anciano caía le iban a pasar por encima. Atravesar así una plaza repleta de gente es una burrada. Pero no era más que una táctica para encrespar los ánimos, provocar los gritos de la gente y mostrar lo fuertes que son. Sembrar el miedo, que es lo que estuvieron haciendo todo el día y toda la noche. Los gritos de "¡Menos policía, más Educación!" se escucharon por toda respuesta mientras los compañeros les cedían el paso.

Hacia las 20:30 llegó otro grupo de furgones desde Atocha. Se detuvieron justo a la entrada, permanecieron unos instantes y dieron la vuelta. Les seguí; creía que habría lío por la plaza. Al salir de Neptuno, algún descerebrado, cerca de las vallas del Congreso soltó un cohete. No hubo reacción y continué hacia Atocha. Llegaron a la glorieta y subieron por la calle Atocha. La glorieta estaba tranquila. Tan solo un resplandor azul llegaba desde María Cristina iluminando con sus reflejos la arboleda y la Estación. Me acerqué a ver que ocurría. Conté hasta 20 furgones alineados bajo la fachada del Ministerio de Agricultura. A las 20:55 en punto arrancaron y se dirigieron con las sirenas conectadas hacia Neptuno. Iban a cargar. Cerraron el acceso en la glorieta.  Desde Neptuno se empezaban a escuchar las primeras detonaciones de los fusiles lanzabolas y el clamor. Comenzaban las carreras y, casualmente, todos los Telediarios.

Hasta las 21:30 entraron desde la Glorieta hasta 47 furgones de la UIP. Un ejército armado hasta los dientes que se sumaba a los efectivos de la Plaza. No sé cuantos podrán haber entrado desde Cibeles, pero el destacamento allí aparcado era espeluznante. Habían formado una jaula perfecta para poder apalear a los allí concentrados. No había más salida que Felipe IV, hacia el Casón. Golpeaban ciegos, llenos de odio, iracundos, a mujeres mayores, ancianos, empujaban y tiraban al suelo a todo aquel que tenían cerca sin mirar. Castillos, que viven en el gimnasio 16 horas al día, apaleando a la población civil. Porque eso es lo que ayer hicieron; apalearnos. No son seres humanos; es imposible que lo sean. Hacia las 22:00 la gente había salido ya del Paseo y se movía por las aceras de María Cristina en pequeños grupos. Muchos de ellos pasaban camino de la Estación de Cercanías. Apareció desde Aduana un grupo de 2 furgones que fueron hacia Prado disparando bolas desde las ventanillas hacia la gente que caminaba por las aceras. Era dantesco, la gente corría aterrorizada gritando "No estábamos haciendo nada". Por la otra acera, la de la Estación grupos de antidisturbios perseguían disparando bolas de goma a los que se dirigían al tren. Penetraron hasta los mismos andenes creando el pánico y pudiendo haber provocado más de una desgracia si alguien, al paso de un tren, caía a las vías. Por infinita suerte no pasó. 

Podría seguir contando... Narrar esta barbarie es doloroso. Hay suficiente material videográfico de las cargas y los apaleamientos como para, digan lo que digan, puedan justificar su brutalidad. Hoy el ministro del Interior ha dicho que "la actuación de las fuerzas antidisturbios ha sido ejemplar al reprimir una convocatoria "manifiestamente ilegal". Pues las concentraciones de ayer estaban autorizadas por la Delegación del Gobierno. Incluso habían autorizado las manifestaciones hasta las diez de la noche. ¿Mentir en algo tan fácil de demostrar que no es cierto? ¿Por qué un ministro se atreve a hacer estas cosas? Si creen que justificando lo injustificable van a conseguir legitimidad ante el mundo están muy equivocados. Pero ya lo ha dicho esta mañana la Vicepresidenta, que la imagen de España y el Gobierno les importa un bledo. 

Y así nos va.





1 comentario:

  1. Sí se podría seguir contando que la manipulación fue tan perfecta, que la misma gente que llevaba desde antes de las 18:00 horas concentrada sin altercados, incluso casi en silencio, no del todo porque éramos muchos y había comentarios entre unos y otros, pero sí sin gritos, salvo cuando parecía que había algún movimiento en las puertas del Congreso, justo 5 minutos antes de que empiecen los telediarios se vuelva violenta e intente asaltar el Congreso y los 20 furgones que están aparcados pongan las sirenas en marcha y empiecen a entrar a toda velocidad, mientras otros 14 bajan por la calle lateral del Ministerio en dirección al mismo sitio. 

    Acababa de llegar a la Glorieta de Atocha, pasando al lado de esos furgones y según pusieron las sirenas en marcha sabía que en ese momento iban a cargar. Me sentí totalmente impotente de no poder avisar a los que acababa de dejar dentro de esa jaula que van a entrar a apalear todo lo que respire, incluso, si se ponen a tiro, los niños en carrito que había visto minutos antes.

    Tenían que cargar como fuese. Terminar de intentar meter el miedo en el cuerpo a la gente. Igual que llevaban haciendo días: pidiendo documentación en el Retiro, parando los autobuses a la entrada de Madrid para identificar a los ocupantes... E intentar implantar el terror para que no acudamos. Pero les ha salido mal; hoy la gente ha vuelto y la peña ha expulsado a los violentos en cuanto han intentado acercarse a las vallas.

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